
En la madrugada del 30 de Abril de 1994 dos jovenes amigos, Javier Rosado y Félix Martínez, salen a la calle en busca de una persona a la que matar. Una mujer, un niño o un anciano eran sus preferencias, alguien que en palabras de Javier «no opusiera demasiada resistencia». Javier ha ideado un juego de rol denominado «Razas» y pretende trasladar el desarrollo a la vida real. Con la ayuda de su amigo Félix han planificado todos los detalles, portan guantes de latex para no dejar huellas y cada uno va armado con un cuchillo para ejecutar a su víctima.
Carlos Moreno Fernández, un trabajador de la limpieza ha terminado su turno a las cuatro de la madrugada y se dirige a la parada del autobús para regresar a su casa. Se sienta a esperar cuando es divisado por Javier y Félix, que ya casi habían perdido la esperanza de encontrar un candidato idóneo. «Allá a la una y media, no le hubiera pasado nada, pero.. ¡así es la vida!» -escribiría Javier en su diario posteriormente-. Los dos chavales se sitúan delante suyo, sacan sendos cuchillos y simulan que se trata de un atraco. «¿Le importaría poner las manos a la espalda?» -le dice Javier- instantes antes de que ambos comiencen a apuñalarlo, uno en el cuello y el otro asestando numerosas puñaladas en el vientre.
Durante aproximadamente veinte minutos se produce una lucha de la víctima por sobrevivir. Sus ejecutores continúan asestando puñaladas hasta agotar sus fuerzas, ruedan por un terraplén cercano y Javier pierde el cuchillo mientras continúa tratando de acabar con su víctima desgarrando literalmente músculos y tendones de su cuello con sus propias manos. Finalmente Carlos Moreno sucumbe tras quedar seccionada la aorta y desangrarse. Nadie ha visto ni oído nada. Los asesinos huyen del escenario del crimen con las ropas manchadas de sangre, olvidando un reloj de muñeca perdido durante el forcejeo.
De regreso a casa se felicitan mutuamente, fuman un trozo de puro que portaban para festejar el éxito de la empresa y se vanaglorian de haberse cobrado su primera víctima. «No sentí remordimientos ni culpas, no soñé con mi víctima ni me preocupaba el que me pillaran» -escribe Javier en su diario-. Tras repasar los hechos minuciosamente llegan a la conclusión de que la probabilidad de que les pillen es demasiado baja, no hay testigos ni pruebas directas que puedan incriminarlos. No tienen antecedentes, carecen de ficha policial y lo más probable es que asocien la muerte con un atraco o un crimen por encargo.
Seguro de sí mismo, Javier comenzará a planear el siguiente movimiento de su macabro juego de rol. Decide ampliar el círculo de personas que participarán en el siguiente asesinato. En un exceso de confianza comparte con amigos cercanos la autoría del crimen, que ahora es portada en todos los medios del país. Inicialmente no le creen, pero al acercarse la fecha que han planeado para su siguiente cacería uno de ellos comparte su preocupación con unos amigos fuera del círculo de Javier. Será la madre de uno de ellos quien alertará a la policía. Javier y Félix finalmente serán arrestados, hallando la policía numerosas pruebas de los hechos en los domicilios de Javier y Félix, que acabarán por confesar.
Javier es condenado en total a 42 años de reclusión mayor, mientras que Félix lo será a 12 años.
Información ampliada sobre el caso:
El crimen del rol en Wikipedia